miércoles, 13 de abril de 2011

PARÁBOLA DE LA ESPERANZA.





En aquel tiempo, Jesús sentía total abandono por los suyos y sus discípulos. Pues nadie comprendía sus enseñanzas ni tampoco sus virtudes. Y oraba estremecido entre la oscuridad de la noche, sintiéndola eterna tiniebla llena de dudas y temores. Su propio Ser le enfrentaba a sí mismo, para que aceptara su condición humana, pero también que reconociera la Divinidad de su naturaleza íntima.
La paloma de albo plumaje se le aparecía frecuentemente, como para consolarle en silencio y recordarle que ERA SU ELECCIÓN Y SU LIBERTAD, aceptar la condición de humano y de HIJO DIVINO.
Los discípulos transcurrian en el día a día, pescando para sobrevivir, musitando entre ellos la falta de comprensión y de sabiduría de las enseñanzas de su Maestro. Quien parecía no tener jamás hambre, frío, sueño o fatiga alguna. Más bien lo observaban con una enorme serenidad, pero a la vez con mucha angustia en sus ojos que no era capaz de confesar.
A veces encontraba mucho consuelo en la lectura de los Profetas....otras veces sin embargo, mirando en el libro de la Vida, se estremecía al pensar que su mensaje no sería comprendido.
Y la enorme responsabilidad que representaba ante el Padre Solar, lo enfrentaba con la decisión de culminar o no su camino.
Sin embargo, entre las dos montañas de la duda y del apostolado, se encontraba el abismo de la renunciación y el séptimo peligro de la tentación, para escapar al mundo.
Un día, encontrándose solo con sus discípulos les dijo: Venid hacia mí, vosotros estáis cargados y hartos de todo sufrimiento. Yo os haré descansar, porque en mí, hallaréis la paz necesaria para fortalecerlos con el oro del sacrificio y el hierro de la fe y la renunciación.
Y los discípulos se confortaron pues habian comprendido que Jesús el Cristo, era su refugio y descanso, a pesar de que construía su fortaleza en medio de las dudas y de la adversidad de la incomprensión. Hay que comprender ese llamado a diario que nos hace: VENID HACIA MI. Y como en aquellos tiempos, los discipulos lo hicieron, así nosotros tambien debemos IR HACIA ÉL, pero sin perder el camino ni el proposito, y en esto hay sabiduría. El que quiera oir que oiga, y el que quiera entender que comprenda.
En los momentos más oscuros, Dios nos dá la oportunidad de encontrar en la resignación, el espacio necesario para encontrar la revelación de sus palabras, el misterio de lo inaparente, lo oculto de lo oculto. Paz inverencial, Dra. Elena Polanco de Bonilla.

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